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viernes, 19 de agosto de 2016

Cambio de tercio: de las gestas patrias.

[A] lo largo de su historia como república en Colombia ni la paz ni la igualdad han sido las características usuales tal como lo había soñado El Libertador[... Al] parecer la independencia solo les funcionó a [a una parte de los criollos…] ya que, junto con sus estirpes, experimentaron un mejoramiento muy significativo de sus condiciones materiales y del ejercicio de la libertad […sin embargo] los súbditos no criollos que bajo Su Majestad estaban mal…pocos provechos percibieron por su participación en la gesta libertadora. Apropósito de La Masacre Navidad de 1822 en la Ciudad de Pasto. 


19 de agosto de 2016
Por: Carlos J. Barbosa C. y Hermes Fernando Martínez

El pasado 20 de julio del año en curso se conmemoró el 206 aniversario del grito de independencia en tanto que el 7 de agosto se celebró el 197 aniversario de la victoria de la Batalla de Boyacá, puntada última del proceso emancipador de lo que hoy es la Republica de Colombia. Según los artífices del proceso de independencia, la emancipación del entonces Virreinato de Nueva Granada respecto de España nos permitiría establecernos como un Estado autónomo, soberano, dentro del cual triunfarían la paz y la igualdad, entre otras. Pese a esta pretensión, a lo largo de su historia como república en Colombia ni la paz ni la igualdad han sido características usuales, como lo había soñado El Libertador. Muestra de la negación de la primera lo constituyen la serie de conflictos que se han registrado durante nuestra historia (vrg, la mismísima Patria Boba, el conflicto entre liberales y conservadores de 1861, la guerra de los mil días y el conflicto interno reciente). Por su parte, el obstáculo al desarrollo socioeconómico que representa la impúdica desigualdad ha sido experimentada y patente no solo a los “ojos vistas” de las sucesivas generaciones (desde la colonia, durante e inmediatamente después del proceso de independencia y todo lo atestiguado hasta  nuestros días), sino que también ha sido permanentemente señalada por la literatura especializada tal como lo evidencian las cifras del índice GINI, acerca del grado de desigualdad de la distribución del ingreso.
Si bien la emancipación se hizo en nombre de todos los pobladores no peninsulares de la Nueva Granada y las huestes independistas estuvieron compuestas por gente del pueblo (principalmente mestizos, reforzadas por mulatos, zambos, indios y afro-descendientes), amén de ser dirigidas por los criollos, al parecer la independencia solo les funcionó a una parte de estos últimos ya que, junto con sus estirpes, experimentaron un mejoramiento muy significativo de sus condiciones materiales y del ejercicio de la libertad, toda vez que heredaron de forma directa y expedita la gran mayoría de los caudales y prerrogativas peninsulares del otrora Virreinato de Nueva Granada. Complementariamente, el remanente hacendístico terminó en las alforjas de la población más cercana a dichas elites y en las de los representantes de las instituciones pervivientes del ancient régime (la iglesia, por ejemplo). Para la mayoría de los novísimos colombianos los réditos efectivos que traería la independencia, directos e indirectos, de hoy y mañana (y del resto de la semana), solo fueron nominales: promesas de pago no redimidas. Es decir, los súbditos no criollos que bajo Su Majestad estaban mal (en gran parte mestizos, y prácticamente la totalidad de mulatos, zambos, afro-descendientes e indios) pocos provechos percibieron por su participación en la gesta libertadora; por lo menos algo decente por haber “consentido” que también en su nombre se buscará la independencia: solo recibieron promesas e ilusiones. Igual, continuaron mal, aunque en el papel todo iría para bien… y, al parecer, “va a seguir yendo para bien”. En la actualidad, las cifras de desarrollo socioeconómico de las poblaciones minoritarias, tradicionalmente excluidas e históricamente invisibilizadas dan cuenta de su pésima situación. La muerte de niños indígenas por desnutrición se está convirtiendo en moneda corriente, pues para el colombiano de a pie, pendiente del reality diario en horario prime time (i.e., noticieros), eso “al fin y al cabo es un asunto ajeno”.
En realidad, la población indígena pocos réditos ha percibido por el cambio de régimen: consúltense las cifras. Los logros alcanzados han sido vegetativos, en el sentido que han sido fruto de los avances de la ciencia y la tecnología, importados por demás, pero no por decisiones políticas o por concurrencia del Establecimiento: por ejemplo, si a la gente de estas poblaciones hoy no se le caen los dientes es merced al avance tecnológico, y no ante todo y sobre todo a las jactanciosas intervenciones que en nombre del Estado hacen los dirigentes políticos (pues su gran epopeya consiste en redireccionar minúsculas partidas). Empero, a propósito de las sendas conmemoraciones y de la precaria situación de las minorías étnicas, en este caso de las poblaciones indígenas (territorialmente invadidas, por añadidura), conviene citar un caso específico en el cual un segmento de la población indígena no participó en el proceso de independencia, posiblemente porque que percibían un bienestar socio económicos que apenas podía ser mejorado, porque sus beneficios no resultaban claros o por escepticismo de los criollos, o por toda las anteriores.
Si bien es un lugar común afirmar que tacita o explícitamente la gran mayoría de los colombianos hemos sido educados con una imagen idealizada, romántica, de los próceres y en particular del Libertador, no por ello resulta redundante insistir en que un poco de humanización de la imagen del último y en general de nuestros prohombres bien nos podría ayudar a educarnos mejor, y de paso mitigar nuestra manía por las soluciones fáciles e inmediatas, resultado de nuestra añoranza por superhéroes, mesías o caudillos… o soluciones del tipo Deus ex Machina. Amén de lo anterior, como fruto de nuestra negligente enseñanza tendemos a dar por sentado que la actitud hacia el proceso de independencia fue homogénea, es decir, que a la sazón toda la población estaba a favor de dicha causa. En realidad, es poco lo que el colombiano de a pie, no suroccidental, sabe o recuerda acerca de casos de resistencia indígena al proceso de emancipación. Al respecto, se considera ilustrativo referenciar la resistencia indígena al nuevo régimen verificada en San Juan de Pasto durante los albores de la recién creada Gran Colombia.
En concreto, lo ocurrido con la oposición en San Juan de Pasto hace referencia a una masacre bárbara de la población nativa a manos de los nuevos republicanos durante los albores del proceso de la instauración de la Gran Colombia. La navidad llevada a los pobladores de Pasto y alrededores por los novísimos gran colombianos el 24 diciembre de 1822 consistió en un acto luctuoso representado en su toma a sangre y fuego (con saqueo republicano incluido) por las tropas lideradas por Antonio José de Sucre y con la anuencia del Libertador. Según las crónicas la irrupción dejó más de cuatro centenares de muertos, con la diferencia de que en este caso los “caídos” eran coterráneos, compatriotas, mas no chapetones ni menos aun peninsulares. Se subraya, la cuestión aquí es que fueron más de 400 los conterráneos ejecutados a manos de los representantes, y en nombre, del nuevo establecimiento. (“Medidas disuasorias” dirían algunos; “medidas necesarias para la consolidación de un proyecto nacional”, dirían otros). Específicamente, en una carta del Libertador dirigida a Francisco de Paula Santander el primero señala que
“Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando aquel país una colonia militar. De otro modo, Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto o embarazo, aún cuando sea de aquí a cien años, porque jamás se olvidarán de nuestros estragos, aunque demasiados merecidos.”    (Carta de Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander, Potosí, 21 de octubre de 1825).” Citado de Memoria sobre la vida del General Simón Bolívar de Tomás Cipriano Mosquera, Instituto Colombiano de Cultura.
Con todo, el caso de marras sirve para ilustrar, de un lado, la actitud de los “padres fundadores”, del novísimo Estado para con los rebeldes (al parecer las masacres de compatriotas no nos han sido ajenas, posiblemente nuestra obscena indiferencia desde la lejanía tampoco) y, de otro, la diferencia de actitud de diferentes poblaciones respecto al proceso puesto que no todas se sentían convencidas de los beneficios prometidos. Se considera que si bien bajo la corona española las cosas no iban a mejorar, como lo dejan entrever la historia de Cuba y Puerto Rico en el siglo XIX, en Colombia “amaneció y vimos”: en términos relativos, la situación de la población indígena no mejoró. Continuó siendo marginal, maltratada, y en muchos casos invisible. El discurso de los próceres y de sus campeones no se logra materializar.
En suma, lo expuesto anteriormente busca llamar la atención al hecho de que las poblaciones más vulnerables en la práctica no han resultado beneficiadas significativamente por el cambio de régimen: no lo fueron con el “ancient”, como tampoco lo han sido después de su reemplazo. Las directrices según las cuales en la nueva patria reinaría la paz y la igualdad, hasta el momento han quedado en intenciones; no logran dar frutos.
Como se indicó al principio de este espacio, ni la paz ni la igualdad han sido características colombianas, “nuestras”. Es posible que la paz tenga alguna oportunidad a propósito de las negociaciones en curso, y por lo tanto los recursos implicados en el conflicto se puedan reorientar a fines no mezquinos, no deletéreos; a fines serios, a la construcción de un bien público, al ejercicio de un derecho constitucional, de conformidad con lo que reza en la Carta en su Artículo 22, a saber: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”.
Por su parte, la igualdad es una empresa también muy seria que nos queda pendiente. Habrá que ver si, como pasa con las imágenes que tenemos de nuestros próceres (con superpoderes, superintegridad, superprobidad y todo), hemos de esperar a que algún caudillo, narciso y sofista por antonomasia, nos haga el trabajo serio, el trabajo intransferible; aquel que deja experiencias enriquecedoras. Por contra, la desigualdad es un problema de todos que se resuelve entre todos, empero, la responsabilidad de los actores frente a este mal está directamente relacionada con el poder detentado. El problema es muy complejo que ningún superhéroe por muy respaldado que esté por las maquinarias políticas y los medios –harto expertos en estas arterías- nos va a resolver. Por el contrario, es un problema que requiere el concurso de todos y de acciones de corto, mediano y largo plazo, que demandan perseverancia, regularidad, sacrificio (harto escaqueado por las elites vernáculas), compromiso y, por qué no, de fe.



viernes, 12 de agosto de 2016

Mercado laboral colombiano: una “calma chicha”

[…] No podemos caer en la auto-indulgencia por el hecho de que la situación del mercado laboral no ha empeorado a la luz de los últimos hechos representados, entre otros, en tasas de inflación crecientes (así como sus concomitantes tasas de interés), menores expectativas de crecimiento, y algunos hechos puntuales como el recién solucionado paro camionero […] Este mercado no ha estado bien tal como lo indican el promedio de las tasas de desempleo para los principales centros urbanos, las altas tasas de subempleo, y la altísima proporción de ocupados en calidad de cuenta propia

12 de agosto de 2016

Por: Carlos Javier Barbosa C.

El desempeño del mercado laboral colombiano continúa siendo discreto; no mejora ni empeora. Pese a este hecho, durante los últimos diez años la mayor parte de los centros urbanos registraron tasas de desocupación por encima de los dos dígitos. Aunque las ciudades de Barranquilla, Bucaramanga y Bogotá han presentado durante el último decenio, en promedio, tasas por debajo de los dígitos, dichas tasas no están lejanas a los dos dígitos, en especial las tasas de los dos últimos centros urbanos. Por contraste, los casos de las ciudades de Quibdó y Popayán son harto preocupantes toda vez que sus tasas de desempleo de los últimos 10 años superaron el 17%. En el mismo sentido, aunque en menor intensidad, se ha advertido un deterioro bastante significativo en las ciudades de Armenia, Pereira, Ibagué, Cúcuta y Cali, toda vez que sus tasas promedio de desocupación (trimestral abril-junio) durante los últimos diez años han sido superiores al 13%.
Además de la situación del mercado laboral evaluada mediante el rasero de la desocupación, no deja de ser preocupante el alto nivel y proporción de subempleo, ante todo como fenómeno endémico y crónico en algunas ciudades como Pasto. Con todo, no podemos caer en la auto-indulgencia por el hecho de que la situación del mercado laboral no ha empeorado a la luz de los últimos hechos representados, entre otros, en tasas de inflación crecientes (así como sus concomitantes tasas de interés), menores expectativas de crecimiento, y algunos hechos puntuales como el recién solucionado paro camionero. Para nada. Este mercado no ha estado bien tal como lo indican el promedio de las tasas de desempleo para los principales centros urbanos, las altas tasas de subempleo, y la altísima proporción de ocupados en calidad de cuenta propia, tal como ha ocurrido en Cúcuta y Cartagena. Las cifras mostradas en este breve informe dan cuenta de dicha afirmación.    
A continuación se hace una breve exposición del comportamiento del mercado laboral colombiano a la luz de los resultados presentados por el DANE para el mes de junio de 2016 y los trimestres abril-junio del periodo 2007-2016.

1.     Datos generales. Mes de junio y trimestre abril-junio 2016.

Según los resultados del DANE a partir de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), a junio de 2016 se estimó en el ámbito nacional una desocupación aproximada de 2.169.000 personas, equivalente a una tasa de desocupación a un 8,88%, porcentaje ligeramente mayor al del periodo análogo de 2015 que gravitó en torno a un 8,25%. Por su parte, el número de personas que se consideraban subempleadas equivalió a 7.150.000 personas, equivalente a una tasa de subempleo del 29,28%.  
Según los datos promedio de los últimos tres meses, abril-junio, las estimaciones a partir de la GEIH indican que en 2016 la tasa de desocupación estuvo alrededor de 8,92%, porcentaje que representó un muy ligero incremento en relación con la misma tasa registrada para el mismo periodo de 2015 (i.e., 8,90%). En igual sentido, la tasa de subempleo nacional también presentó un ligero repunte pues gravitó torno al 29,28%, valor superior a su similar de 2015 (i.e., 28,91%). (Gráfico 1).
Gráfico 1
Tasas de desocupación y subempleo, total nacional                                                                                                                                    Trimestre abril-junio 2001-2016

Fuente: DANE – Encuesta Continua de Hogares y GEIH
Según los datos, las tasas de desocupación de los dominios geográficos “cabeceras” y “centros poblados y rural disperso” presentaron un comportamiento relativamente similar al de 2015: la tasa de desempleo de los primeros equivalió a 9,92% en cada uno de los trimestres abril-junio de 2015 y 2016; el mismo indicador para los centros poblados y rural disperso fue 5,18% durante 2016 y 5,04% durante 2015. Lo anterior se vio reflejado en una tasa de desocupación nacional de 8,92% durante 2016 (y 8,88% durante 2015). (Gráfico 2).
Gráfico 2
Tasas de desocupación y subempleo                                                                        Cabeceras y Centros poblados y rural disperso                                                                                                               Trimestre abril-junio, 2001-2016

Fuente: DANE – Encuesta Continua de Hogares y GEIH

2.     Indicadores del mercado laboral para los principales centros urbanos. Junio 2016, trimestre abril-junio 2001-2016, y promedio trimestral (abril-junio) 2007-2016


En cuanto al ámbito urbano, el volumen y las tasas de desocupación y subocupación para el agregado de las 13 principales ciudades estimadas para el mes de junio equivalió a 1.223.000 desocupados, correspondiente a un 10,24% la tasa de desocupación; y a 3.196.000 subocupados monto equivalente a un 26,76% la de subocupación.
Según los datos trimestrales la tasas de desempleo agregada de los 13 principales centros urbanos tendió a la baja toda vez que pasó de un 9,93% en 2015 a un 9,46% durante 2016. De manera similar, la tasa de subempleo también se redujo pues pasó de un 28,07% a un 27,11%.
Gráfico 3
Tasas de desocupación y subempleo, 13 ciudades y áreas metropolitanas Trimestre abril-junio, 2001-2016

Fuente: DANE – Encuesta Continua de Hogares y GEIH
Discriminados los datos según ciudad, Cartagena y Barranquilla presentaron las menores tasas de desocupación (8,16 y 8,46%, respectivamente), mientras que Quibdó, Cúcuta y Armenia registraron las mayores cotas (17,78% 14,89% y 14,58%, respectivamente). Complementariamente, las mayores tasas de subempleo se evidenciaron en Neiva, Riohacha y Pasto (39,41%, 38,64% y 38,17%, respectivamente). En contraste, Cartagena y Valledupar registraron las menores tasas de subempleo (13,86% y 15,95%, respectivamente). (Gráfico 4).
Gráfico 4
Tasas de desocupación 23 ciudades y áreas metropolitanas                     Trimestre abril-junio, 2016

Fuente: DANE – Encuesta Continua de Hogares y GEIH

Con excepción de las tasas de desocupación de las ciudades de Barranquilla, Bucaramanga y Bogotá, 20 de los 23 principales centros urbanos de Colombia han presentado tasas de desempleo que en promedio (periodo 2007-2016) superaron los dos dígitos. De hecho, el promedio (geométrico) de dicha tasa para el agregado de los 13 principales centros urbanos fue de 11,16% mientras que su valor para el conjunto de los 23 fue 11,30%. Más aún, 14 de los 23 municipios considerados registraron tasas superiores al 12%; y peor, los municipios de mayor deterioro laboral correspondieron a Quibdó (18,23%), Popayán (17,16%), Armenia (15,81%), Pereira (14,84%) e Ibagué (14,69%). Correlativamente, Pasto y Riohacha presentaron los mayores promedios de desempleo durante el trimestre abril-junio del periodo 2007-2016 (39,88% y 38,84%, correspondientemente). Pese a este hecho, no dejan de llamar la atención los valores de las tasas de subempleo tan altas para las ciudades de Neiva (36,93%), Ibagué (35,13%), Sincelejo (34,75%), y Cali (34,68%).
Gráfico 5
Promedio Tasas de desocupación y subempleo                                                            23 ciudades y áreas metropolitanas Trimestre abril-junio, 2007-2016

Fuente: DANE – Encuesta Continua de Hogares y GEIH

3.     Datos ocupación según rama de actividad económica. Trimestre abril-junio 2016.

Las cifras agregadas del total nacional de la estructura ocupacional según rama, las cifras muestran que la mayor parte de los ocupados se desempeñó en el sector del “comercio, hoteles y restaurantes” en una proporción equivalente a un 27,58%, seguida en menor magnitud por las ocupaciones en los renglones de “servicios comunales, sociales y personales”, 19,83%, en el “agropecuario y silvicultura y pesca”, 15,84%, y la “manufactura” que equivalió al 11,61%. Los otros sectores que evidenciaron pesos significativos fueron el “transporte, almacenamiento y comunicaciones”, 7,98%, las “actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler”, 7,88%, y la “construcción”, 6,45%. Se destaca: en el dominio cabeceras el mayor peso de la ocupación se registró en “comercio, hoteles y restaurantes” (31,12%), y “servicios comunales, sociales y personales” (22,94%). En el dominio centros urbanos y rural disperso, las actividades de la rama “agrícola, ganadera silvicultura y pesca” ocuparon al 58,14% de los ocupados, mientras que las actividades del renglones “comercio, hoteles y restaurantes” correspondieron a 15,09%.
Gráfico 6
Estructura % de la ocupación según actividad económica                        Total nacional, Cabeceras, Centros poblados y rural disperso          Trimestre abril-junio, 2016

Fuente: DANE – Encuesta Continua de Hogares y GEIH

Dentro del agregado de las 13 principales las actividades de cuatro ramas de actividad económica dieron cuenta de aproximadamente el 80% de la mano de obra ocupada: el comercio, los hoteles y restaurantes “explicaron” el 30,23% de la ocupación, los servicios sociales, comunales y personales dieron cuenta del 22,30%, la manufactura un 15,79%, los servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler un 12,20%, y el transporte, almacenamiento y comunicaciones un 9,09%. La construcción logró un 6,60%.
Gráfico 7
Estructura % de la ocupación según actividad económica                                         13 Ciudades y áreas metropolitanas                                                                Trimestre abril-junio, 2016


Fuente: DANE – Encuesta Continua de Hogares y GEIH

4.     Datos ocupación según posición ocupacional. Trimestre abril-junio 2016.


Como en los resultados presentados en anteriores trimestres, gran parte del personal ocupado dentro del agregado nacional es “cuenta propia”, el cual equivalió a nivel nacional a un 43,10%, en tanto que la proporción de dependientes ascendió a 39,08%. Las otras ocupaciones que presentaron participaciones significativas dentro del total de empleados a nivel nacional correspondieron a ocupados del gobierno (4,05%), patrón o empleador (3,74%), ayudante familiar no remunerado (3,61%), empleado doméstico (3,07%) y jornalero o peón (2,79%). Discriminados los datos según dominio geográfico, en las cabeceras predominaron los ocupados en calidad de dependientes particulares (44,64%) seguidos de cerca por los cuenta propia (40,16%). En los centros poblados y rural disperso predominaron los cuenta propia (53,48%), los ocupados dependientes (19,47%) y en menor proporción los ocupados como peones o jornaleros (10,51%), y ayudantes familiares no remunerados (7,62%).  
Gráfico 8
Estructura % de la ocupación según Posición ocupacional                                              Total nacional, Cabeceras, y Centros poblados y rural disperso                        Trimestre abril-junio, 2016


Fuente: DANE – Encuesta Continua de Hogares y GEIH
En las 13 principales áreas los ocupados dependientes dieron cuenta del 50,89%, mientras que los “cuenta propia” equivalieron al 35,88%. Los dependientes del gobierno significaron el 3,79% de los empleados, participación parecida a la de los patrones o empleadores que equivalieron a 3,70%. Los ocupados como empleados domésticos equivalieron a un 3,37% y los ayudantes familiares sin remuneración explicaron el 2% del empleo.
Gráfico 9
Estructura % de la ocupación según Posición ocupacional.                                              Agregado 13 Ciudades y áreas metropolitanas. Trimestre abril-junio, 2016


Fuente: DANE – Encuesta Continua de Hogares y GEIH
Dentro del conjunto de las 13 principales ciudades, se advierte que en Cúcuta predominó el cuenta propia (60,86%), mientras que el ocupado particular apenas equivalió al 26,86%. De igual manera, en Cartagena también predomino el “cuenta propismo” toda vez que obtuvo una participación del 52,01% y el ocupado dependiente equivalió al 35,67%. Por contraste, Medellín presentó el caso simétrico de Cúcuta toda vez que los ocupados dependientes dieron cuenta del 60,83% mientras que los “cuenta propia” fueron 27,74%.
Gráfico 10


Estructura % de la ocupación según Posición ocupacional.                                              13 Ciudades y áreas metropolitanas. Trimestre abril-junio, 2016

Seguridad alimentaria: menos pastos y más labranza por: Carlos Barbosa Según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional 2015, la inseg...